
Por Jairo Louis
Bien, vale… No hay rollo… ¡Perdimos, pues! ¿Cuál es el problema?
Ahí vienen con sus cadenitas por PIN (Casi prefiero las de Chávez, el desgraciado ése que me empavó al equipo): que si “magallina”, que si la bendición, que si la planillita… ¡Bah! Al menos la planilla que mandé yo cuando el NO-HIT NO-RUN la mandé una sola vez, no como esta cuerda de fanfarrones.
Ahora nos ven en el cuarto y se ríen. ¡Ignorantes! Los caraquistas esos son tan ordinarios que no se han dado cuenta de lo cómodo que es estar en el cuarto, donde uno puede andar en interiores tranquilo, echadito en la cama, viendo un partidito de… Bueno, de cualquier deporte. No tiene que ser precisamente beisbol. La cosa es que, a fin de cuentas, yo me siento bien en el cuarto… aunque de primero era más chévere.
¡Dígame usted lo exagerados que son los melenudos del cónfiro! No es que no. Yo admito que nos comimos 9 arepas, pero tampoco es que fueron NUEVE AREEEEEEEEEEEEEEPAAAAAAAASSS como ponen ellos en el twitter. Es que caraquista que no sea pantallero es porque está en rehabilitación. Unas arepitas majunches que nos comamos y ya están haciendo una bulla ¡Caramba, a uno también le da hambre de vez en cuando!
¡Es más! Ya está decidido. Desde este momento no me gusta más el beisbol. De hecho, ni entiendo nada de esos tipos corriendo de almohada en almohada mientras los otros se andan tirando la pelota esa… ¿Y qué hace ese tipo ahí parado con un garrote? Yo mejor dejo este artículo hasta aquí. Me voy a mi casa a comerme mis arepitas… ¡Esas no, las que me prepara mi esposa!
PD: Los vientos cambiarán y la nave retomará su rumbo. Entonces volverá a gustarme el beisbol. “No hay quien le gane al Magallanes”, aunque le hayan ganado. Y como hoy no me gusta el beisbol, les dejo este monólogo del profesor José Rafael Briceño. (El lenguaje del video requiere de supervisión adulta)



