Tic Tac Toe, Tic Tac, Tissot

La Paraulata Ilustrada, empeñada en llevar a sus lectores los mejores artículos, escritos por las mejores plumas, cuenta desde ya con la colaboración del escritor, historiador y dramaturgo, Eduardo Casanova; gran valuarte de la literatura hispanoamericana y venezolano ejemplar.

Sin más que esperar, a continuación su primer escrito para La Paraulata Ilustrada.

Literanova, la página de Eduardo Casanova.

Fue a mediados de 1962. Arturito Uslar -Arturo Uslar Braun (1940-1991), hijo mayor de Artruro Uslar Pietri- me invitó a inaugurar, con él, un nuevo concurso en la televisión. En Radio Caracas TV. Sería los sábados en vivo a las seis y media de la tarde, y el conductor era Oscar Martínez, acompañado por Chelo, una bella modelo española, alta y esbelta como una palma de dátil.

El concurso consistía en jugar “la vieja” (que en inglés se llama “Tic Tac Toe”), y en el tablero habría nueve materias, nueve categorías. Cada concursante trataría de alinear sus tres “X” (o sus tres “O”) para derrotar al otro, respondiendo correctamente a la pregunta que hacía Martínez en la materia correspondiente al cuadro (en cada juego las materias cambiaba de cuadro, y las preguntas salían nada menos que de una enorme computadora IBM).

Había, pues, que saber jugar “la vieja” y saber las respuestas correspondientes. Jugar “la vieja” es muy fácil: hay que colocar la señal primero en una esquina, luego en la opuesta y después en una tercera, de modo de tener varias posibilidades de completar los tres en línea con los cuadros intermedios. Sólo que, en el concurso, el contrincante trataría siempre de bloquear esas posibilidades, y si uno abrió en la esquina superior derecha, el otro intentaría ubicarse en la inferior izquierda, y en cuanto existiera la posibilidad de que uno ubicara sus tres en línea, el otro se atravesaría.

Por eso, en aquel juego, que después del segundo o el tercer sábado pasó a llamarse “Tic Tac Tissot”, era trágico no responder correctamente a una pregunta, porque el rival pasaba a tener la iniciativa y al que falló se le ponía ganar bien cuesta arriba.

Cada respuesta correcta le aportaba al que la daba cincuenta bolívares, y si no se respondía, los cincuenta bolívares iban al “pote”, que sería íntegro para el que derrotara a cinco contrincantes. Todo empezaba con la rifa de quién tendría el primer turno, y a partir de allí se alternaban en el inicio de las acciones ambos contendientes.

Las categorías o materias eran música, historia, geografía, invenciones, etcétera, y en los primeros programas las preguntas fueron muy difíciles, pero tiempo después rebajaron el nivel para que los televidentes no se quedaran en babia. En todo caso, a mí me tocaron bastante complicadas. En esos días yo estaba desempleado y mi mujer estaba en estado. Necesitábamos con desesperación los novecientos bolívares que costaba el parto, y por eso acepté encantado, con la esperanza de ganarlos.

El primer programa fue entre Arturito y yo, y Arturito estaba tan nervioso que se paralizó. A una pregunta elemental de música (¿Cuántas sinfonías escribió Brahms?), a pesar de que yo le “soplé” la respuesta, no respondió. Y perdió. Si la pregunta hubiese sido sobre Mendelssohn la respuesta habría sido difícil, porque Mendelssohn tiene dos series de sinfonías y la gente sólo conoce la segunda, y eso casi nadie lo sabe.

O incluso sobre Beethoven que tiene nueve archiconocidas pero otras dos que no son conocidas y una que nunca terminó. Pero Brahms escribió cuatro, y no hay otra respuesta. De modo que en el primer día derroté a Arturito. Para hacer el cuento corto, pronto derroté a otros cuatro, aunque hubo un bache por una equivocación de ellos, que le atribuyeron a Antonio Estévez la autoría de la “Suite Margariteña” de Inocente Carreño, por lo cual me sacaron del juego, pero tuvieron que reponerme cuando tanto yo como Inocente Carreño protestamos. Por ese error cambiaron al que redactaba las preguntas y pusieron al profesor Rossón, hombre adusto y cultísimo.

Aquella actividad cambió mi vida. Me dediqué, con la mayor seriedad, a aprenderme de memoria el “Almanaque Mundial” de Selecciones del Reader’s Digest, como si en ello me fuera la vida. Así, mi memoria se cargó de nombres, de fechas, de capitales, de invenciones e inventores, de batallas, de proezas y de cuanto conocimiento inútil pueda uno imaginar.

De paso, tuve que vivir la extraña experiencia de que me pararan en la calle hasta para pedirme autógrafos o hacerme alguna pregunta. Pero en realidad, descubrí que la materia que mejor dominaba era la música, y de música fue la última pregunta con la que gané el “pote” (nueve mil bolívares, un televisor, un radio, doce camisas y no sé qué más).

Era una pregunta casi imposible de responder, pero yo, casi por un milagro, respondí correctamente e hice que el estudio estallara en gritos y aplausos. Entre las preguntas de cincuenta bolívares y el pote, había ganado lo suficiente como para pagar once o doce partos y varios almuerzos y cenas en restaurantes de lujo. Me gané por un buen tiempo fama de “cerebrito” y había gozado inmensamente mis quince minutos de fama. Y, por supuesto, inmediatamente dejé de ser un desempleado.

Todo esto me ha venido a la memoria después de ver la excelente biografía de Cecilia Martínez, en Globovisión. Cecilia, verdadera maestra de la radio y la televisión venezolana, fue estrella del verdadero gran concurso de RCTV llamado “Monte sus cauchos Good Year”, en el que el profesor Néstor Luis Negrón hizo célebre aquella frase: “Cecilia, ¿cuánto tiene el pote?”… “cuán presto se va el placer, / cómo, después de acordado, / da dolor; / cómo, a nuestro parecer, / cualquiera tiempo pasado / fue mejor…

  • http://casa Estefany

    demaciado largo deben resumirlo ok