Ciudad Guayana tendrá cientos de modelos dignos de resaltar, en los que la figura paterna se ha destacado en base a una conducta de ejemplo para la comunidad, en una urbe caracterizada por el trabajo en las empresas y el establecimiento de una ciudad que por muchos años se caracterizó por una población flotante, con poca gente que se decidía echar raíces en el nuevo territorio.
Agustín Alberto Contasti Carvajal, fue uno de esos guayaneses que apostó por la ciudad, en un San Félix con poco que ofrecer para el momento pero con un potencial que saltaba a la vista. Nació en Upata, rodeado de valles ganaderos y la belleza de las tierras guayanesas; decide estudiar Bioanálisis en Caracas en el Instituto de Higiene de la UCV, un prestigioso centro de estudios que egresó a los más reconocidos bioanalistas del país.
La suerte le tenía preparado una vida de vuelta a sus tierras, Ciudad Guayana le hace un llamado de vocación en 1958, para dedicarse al área de la salud por 39 años ininterrumpidos, a una urbe que poco a poco constituía su sistema autónomo, en una vinculación a la antigua Medicatura Rural de San Félix, actual Distrito Sanitario #2 y al Ipasme, simultáneamente.
A su llegada a la ciudad, se muda a Manoa, como uno de los primeros residentes de esta urbanización modelo tan llena de recuerdos y de personalidades ejemplo para la urbe, tal como lo es Agustín. Su trato denota sencillez, optimismo permanente y un semblante pacífico que infiere el carácter de su humanidad. Su trabajo como Bioanalista le permitió vincularse a la sociedad de San Félix de mitad del siglo XX, los certificados de salud y exámenes de laboratorio en general fueron responsabilidad de Agustín Contasti, y podría decirse que la ciudad entera transcurrió por los pasillos de su lugar de trabajo; este hecho aunado al carácter sociable y amable del bionalista, le permitieron ganarse el cariño de vecinos y conocidos, quienes no dudarán en afirmar la noble persona que reside en él. Fue uno de los primeros profesionales en ésta área que estableció residencia en la ciudad; bajo su enseñanza pasaron varios jóvenes estudiantes que hoy en día ejercen su profesión con éxito a lo largo de la ciudad.
Bajo la rutina de asistencia al trabajo diario, le llama la atención una joven trabajadora del lugar, Carmen Galvis, quien en un principio se mostraba tímida ante las invitaciones de Agustín Contasti, pero finalmente aceptaría y juntos formarían una pareja que ya cuenta con más de 40 años de matrimonio estable. De esa unión, nacen dos hijos que ya en la actualidad son adultos con familia propia y cuentan con las enseñanzas y el ejemplo dado por un padre perfeccionista y bondadoso, que supo mantener optimismo aún en las condiciones adversas.
Nigme Contasti, una de sus hijas, comenta que siempre ha estado agradecida de contar con la presencia de su padre a lo largo de su vida; en tiempos recientes pudo valorar aún más su labor, pues el señor Agustín fue víctima de atropellamiento, cuando un delincuente perdió el control de un vehículo robado e impacto sobre Agustín, fracturando sus piernas y pelvis, lo que le dejaría incapacitado por varios meses. Desde ese percance, la familia entera se vincula a los cuidados del optimista padre, quien nunca dejó de sonreír al pasar malos ratos de salud, y ser considerado un milagro ante el fuerte impacto que recibió.
La comunidad entera acudió a visitar al alegre Agustín, e incluso lograron dar con el responsable del accidente y someterlo a golpes hasta que la Policía llegó al lugar y se llevó al delincuente.
Carmen Galvis, su esposa, comenta que ha sido un matrimonio lleno de satisfacciones, en recuento de su vida, expresa su agradecimiento al señor Agustín, pues gracias a él no le faltó nada y sus hijos pudieron estudiar y ser hoy en día relacionistas industriales y administradores respectivamente. Si existen algunas palabras que describan la labor de Agustín como hombre vinculado a la comunidad y a su familia, éstas serían la responsabilidad, alegría y un perfeccionismo que más allá de una connotación negativa, significó llevar adelante a una familia con éxito.
Agustín Contasti es recordado por vecinos y amigos por ser un bailarín innato, anfitrión de las mejores fiestas de Manoa y la ayuda incondicional cuando alguien requería de su asistencia; sus días ahora transcurren en la tranquilidad de su hogar, rodeado de su familia y la satisfacción del legado que significó su profesión en la comunidad de San Félix y las enseñanzas que le convierten en ejemplo digno de resaltar para futuras generaciones y la posteridad.
Carlos Ortiz



