Pintor empírico que descubrió su talento hace unos veinte años, cuando la curiosidad por recrear paisajes de Guayana le llevó a una carrera artística que se extendió hasta tiempos recientes, cuando decide tomar una pausa y valorar el trabajo desempeñado
Con una personalidad que denota experiencia, sabiduría y humildad, Ricardo Díaz Rodríguez sorprende con su talento en las pinturas que en su mayoría recrearon los paisajes de la Guayana mítica, de los tepuyes, el verdor de la vegetación y la realidad de los poblados al sur del Orinoco.
Entusiasmado y concentrado, durante años mantenía un esquema de trabajo basado en el encierro en su hogar por días, para plasmar en liencillos los paisajes que bajo imágenes del recuerdo, fotografías e instantes de sueños le otorgaban la inspiración necesaria para poseer hoy en día una amplia colección de pinturas con intenso colorido y realidad de nuestro entorno.
¿Cómo transcurrieron esos primeros años de incursión en la pintura?
Comencé con las miniaturas en espejo, poco a poco pasé a liencillos y a pinturas más grandes y trabajos más delicados; incursioné a tiempo completo en este arte y vendí mis cuadros por largos años en varios puntos de la ciudad. Las puertas se abrieron para mi afición y pasión, tuve la oportunidad de participar en exposiciones nacionales como las que realizaba Lagoven, Asopenia y en los clubes de la zona como el Náutico y el Ítalo. Recuerdo con gratitud aquellos años para finales de los 80s, ya que gracias a Edelca pude vender mis obras en el centro de visitantes del Parque La Llovizna, en ese tiempo cuando el visitante tenía que tomar un bus para acceder a los saltos y tomaba unos minutos para contemplar la variedad de las pinturas que expuse en aquel lugar, fue una oportunidad única para difundir mi obra entre los guayaneses.
Luego me dediqué a pintar para coleccionar mis obras, leía las biografías de los grandes pintores de la historia como Rembrandt, Van Gogh y Dalí, soñaba como ellos y varias de mis pinturas se vincularon por un tiempo al surrealismo, alejándome de los paisajes que originalmente eran mi inspiración, guardé al menos setenta cuadros a los que les guardo un gran apego pues son el producto de arduos días de trabajo y de ideas que venían a mi mente en una época de creatividad.
¿Por qué se dedica a la pintura? ¿Qué razones le motivaron?
Para 1986, conocí en los alrededores del Centro Cívico de Puerto Ordaz un pintor que para ese entonces elaboraba pinturas en pequeños espejos y era muy solicitado pues la gente valoraba sus detallistas trabajos, era Francisco “El Conejo” Arias, a quien luego de observar por largo rato me acerqué a preguntarle si era posible que me dejara pintar en uno de esos espejos un paisaje que tenía en mente, una cascada en el campo donde yo vivía en ese tiempo; el accedió y al observar que poseía talento me recomendó que comprara materiales y empezara con la idea de completar un cuadro. Luego de eso la inspiración fue llegando y pude comprar los primeros implementos para comenzar a pintar, en principio realicé muchos paisajes de la región Guayana: la vegetación, la fuerza del agua y la naturaleza inspiraron la creación de mis obras.
¿Quiénes compraban sus cuadros?
Recuerdo con aprecio al antiguo dueño de la Congeladora Bolívar, Giovanni Di Martino, quien en una oportunidad se acercó a mis obras y demostró interés en el colorido y la técnica de mi arte; luego de un tiempo volvió a mi sitio habitual de venta y con una serie de fotografías de su pueblo natal en Italia, devastado por la guerra, me pidió que recreará varias pinturas para contemplar cada día en su hogar los paisajes del lugar que tanto recordaba y añoraba. Me dediqué por varios meses a su encargo y llegué a pintarle 18 cuadros que ubicó posteriormente en su casa. Desde ese encargo mi obra se volvió popular, gracias a la empresa Cormin estuve en las áreas mineras del estado Bolívar y plasmé la realidad de esos lugares y todo el proceso minero que allí se llevaba a cabo, muchos de esos cuadros residen hoy en los hogares del citadino.
¿Existe alguna obra de la que sienta mayor orgullo entre las demás?
Creo que muchos de los artistas se dedican a la comercialización de sus obras y al transcurrir los años se dan cuenta de que no les quedó ninguna pintura que pudiese recordar a los demás que han sido pintores y que su talento lo han plasmado en lienzos que quizá recorren el mundo entero. Desde hace algunos años dejé de vender mis cuadros y me dediqué a pintar por inspiración, atesoro todos esos trabajos en mi hogar y espero algún día poder darlos a conocer; tengo dos pinturas predilectas a las que he llamado “sembrando conciencia” y “la ciudad en contaminación” que creo han reflejado la realidad del Core 8, la zona donde resido.
Mi meta es superarme y esperar que en el momento adecuado de mi vida vuelva a encontrar motivación y esa musa que me invite a recrear obras de arte en lienzos que quedarán para la eternidad.
Entusiasmado por la conversación, queda evidente en Ricardo Rodríguez las ganas de retornar a la pintura; los años y las nuevas experiencias darán la última palabra si existirá alguna nueva obra del pintor, o quizá toda aquella colección que atesora en su hogar espere la oportunidad perfecta para darse a conocer y sea valorada por la comunidad.
Carlos Ortiz



