La ley de reforma financiera firmada hoy por el gobierno que preside Barack Obama ha dado pie a elogios y críticas por igual. Se trata de un cambio muy profundo en el modo americano clásico de ver la economía. Para muchos, la reciente crisis vivida en los Estados Unidos impuso la necesidad de este giro. No lo ven del mismo modo los del ala más liberal, quienes advierten en las nuevas medidas la amenaza de un Estado interventor de la actividad económica.
En palabras del propio mandatario: “Representa la mayor protección de la historia a los consumidores de productos financieros”, y no es mentira. El texto legal incluye serios controles a la banca. Entre ellos podríamos destacar el aspecto hipotecario, origen de las últimas desventuras de la economía gringa. Sobre este particular el gobierno norteamericano busca asegurarse de que no se otorguen préstamos hipotecarios a quienes no los puedan pagar. Obama asegura que con la nueva legislación “El pueblo americano nunca más tendrá que pagar la factura por los errores de Wall Street”.
Entre quienes apoyaron el “paquete” (como le diríamos en Venezuela) a la hora de votar en el Congreso, Cuenta el senador republicano Scott Brown, quien dio su voto favorable a pesar de la ideología de su partido con el siguiente argumento: “incluye medidas que ayudarán a impedir una nueva crisis financiera, se garantiza que los consumidores estarán protegidos y no prevé nuevos impuestos”. También los economistas Joseph Stiglitz, Robert Reich y Laura Tyson manifestaron su apoyo a la reforma financiera junto a varios de sus colegas mediante una declaración titulada “Reboot America” (Resetear a América), firmada el pasado lunes. (El link lleva al texto original en inglés)
Como era de esperar, la más feroz opocisión a estos cambios la ejerce la empresa privada de ese país. Tom Donahue, quien preside la cámara de comercio de ese país, opina que el mandatario “está enterrando a los negocios de Estados Unidos en una nueva generación de regulaciones y está creando más incertidumbre para los empresarios, lo que significará más destrucción de empleo”. Esa declaración demuestra una defensa del modelo tradicional estadounidense. Críticas de tono muy distinto son las que muestran los medios públicos venezolanos. En declaraciones dadas a Radio Nacional de Venezuela, el historiador Omar Galíndez aseguró que los controles que aplica Estados Unidos a la banca “fortificarán el neoliberalismo”.
Mientras estas discusiones siguen su curso los ciudadanos estadounidenses de a pie (y los del resto del mundo) siguen a la espectativa de que los resultados de esta reforma sean positivos.




