Carlos Ortiz
Llegó a Guayana en búsqueda de un incierto porvenir, pero encontró el amor y estabilidad. Es hoy testigo fiel del crecimiento y evolución de nuestra urbe.
Con la amabilidad controlada característica de los norteamericanos, Lilian nos invita a ingresar a su hogar para conocer su historia, una estadounidense que adoptó a Ciudad Guayana con sentido de pertenencia, y de la que asegura no marcharse jamás. Es una de las pocas estadounidenses que hizo vida en la ciudad.
Transcurre su juventud en Amarillo, Texas, un poblado algo frío y radicalmente distinto a nuestras tierras. Atraída por la oportunidad de progreso en un nuevo proyecto de urbanismo latinoamericano, decide arriesgarse y comenzar a trabajar como educadora en un colegio bilingüe de Ciudad Piar, administrado para ese tiempo por la extinta compañía extractora del mineral del hierro Orinoco Mining Company.
Dicha empresa estadounidense ubica posteriormente sus oficinas en el territorio que hoy ocupa Puerto Ordaz; cientos de profesionales comienzan labores vinculadas al desarrollo de las empresas básicas y con ello la necesidad de adecuar una ciudad que albergara a familias enteras.
Tras años de residencia, conoce a Enrico Galantin, un osado trabajador italiano que exploró rincones inaccesibles de La Paragua y que finalmente se radicó en Ciudad Guayana por invitación de la Orinoco Mining; juntos deciden permanecer en la ciudad por unos “pocos meses” que se convirtieron en décadas.
Anécdotas guayanesas
Bajo la figura del Colegio Internacional, que estuvo ubicado en el Campo C de Ferrominera Orinoco, cientos de niños suizos, alemanes, australianos, estadounidenses, japoneses y australianos recibieron las enseñanzas de Lilian Galantin, quien se encargó por varias décadas de la educación desde segundo grado hasta octavo de bachillerato, con clases impartidas en inglés.
Varios de aquellos niños son hoy profesionales que han regresado a sus países de origen y se llevaron el recuerdo de la cándida profesora Lilian. Uno de ellos logró contactarle por Internet hace poco tiempo y entre las experiencias compartidas, le explicó que gracias a ella, ese ex-alumno es hoy un próspero ingeniero agrónomo que se dedicó a esa profesión gracias a las actividades que Lilian les inculcaba, muchas de ellas relacionadas con la siembra y el aprovechamiento de los jardines en las casas de estas zonas tropicales.
Colaboró con la fundación de guías Scout, junto a otras educadoras establecieron en forma definitiva un grupo de niños que, respaldados por sus padres, aprendieron las enseñanzas propias de los Scout. Conoció a la fundadora en Venezuela del grupo de Guías Scout, la Sra. Kathy Phelps, de quien recuerda su calidez y simpatía; asistió también a la simbólica siembra del hoy pintoresco árbol que se ubica en la isla vial frente al Parque La Navidad, el cual fue donado por la Fundación Scout como un regalo para la ciudad.
Lilian se ligó por muchos años a distintas labores soc
iales en pro de la comunidad naciente en Ciudad Guayana, para una época donde los extranjeros predominaban y cada uno buscaba encontrar su lugar en una tierra en principio ajena. Otra actividad resaltante fue la ayuda que prestó junto al grupo de misioneras de Calcuta para la conformación de un refugio de ancianos ubicado en San José de Chirica, que aún permanece en funcionamiento.
Su cotidianidad transcurre en la atención a sus mascotas, entre las que cuentan perros, gatos y aves, y las ocasionales visitas que realiza a sus amistades venezolanas, que poco a poco fue cosechando tras su vinculación a los proyectos sociales que de alguna forma han marcado el presente de la ciudad, afirma que su razón de vida es también ser testigo del crecimiento de una urbe a la que vio nacer.



