Genio R. Lobo
Al decidir aceptar la invitación de “La Paraulata Ilustrada”, para crear esta sección: LIBROS Y OTRAS COSAS MÁS, es con la idea de crear un segmento de análisis y comentarios sobre temas diversos en materia cultural, tomando como base el análisis de libros, hechos históricos, sucesos, todo aquello que nos permita mejorar nuestro estatus cultural.
Tomar como base el Libro, es por el hecho de la importancia que constituyen los libros. Para el poeta: Jorge Esquinca: “la lectura es un viaje y los libros su medio de transporte”. A través del libro nos permitimos construir un puente entre los sueños del lector y los sueños de la historia.
En época muy lejana, siglos atrás, escribir y leer eran actividades profesionales. Era un oficio y había personas dedicadas a ello; Los escribas, quienes formaban un grupo de profesionales especializados en un arte muy especial: grabar en arcilla o en piedra, pintar en seda, tablillas de bambú, papiro o en muros, esos signos misteriosos, tan ligados al ejercicio mismo del poder.
La palabra española escriba procede del latín: scriba. En hebreaso·fér, procede de una raíz que significa “contar”, y se traduce “secretario”, “escribano”, “copista”; y la palabra griega gram·ma·téus se traduce “escriba”, “instructor público”; el término alude a una persona instruida. Los escribas del antiguo Próximo
Oriente eran las personas que conocían la Escritura especialmente la escritura
cuneiforme, encargadas de redactar textos y también de leerlos y organizar su clasificación en los archivos. Todo sabio tenía que haber recibido una formación de escriba a los que se llamaba en sumerio DUB·SAR —compuesto de DUB “la tabla” y SAR “inscrita”, “aquél que escribe sobre una tablilla”— y en acadiotupsrrum —forma acadiana deDUB·SAR. La complejidad de la escritura cuneiforme y la necesidad de formar escribas especializados en diferentes temas precisaba de una larga formación. Los escribas, una vez preparados, ejercían su profesión que podía cubrir prácticas diferentes. Su cometido particular, esencial en las civilizaciones del antiguo Próximo Oriente —Mesopotamia, Siria, Haití, Elam, etc.— les confería una posición social particular. En Babilonia el escriba era profesional. Sus servicios eran casi indispensables, pues la ley requería que las transacciones comerciales se pusieran por escrito y las partes contratantes las firmaran ante testigos. El secretario solía sentarse cerca de la puerta de la ciudad, donde se efectuaba gran parte del comercio, con su estilo y pella de arcilla, listo para vender sus servicios a quien los requiriese. Los escribas registraban transacciones comerciales, escribían cartas, preparaban documentos, se encargaban de los registros del templo y realizaban otras tareas administrativas. Por diversas razones, en la actualidad quedan pocos trabajos de los primeros copistas. Muchas de sus copias de las Escrituras se destruyeron durante la época en que Roma persiguió a los cristianos. El paso del tiempo también se cobró su tributo. Por otra parte, el clima cálido y húmedo de algunos lugares aceleró su deterioro. Además, cuando los escribas profesionales del siglo IV sustituyeron los antiguos papiros por manuscritos de vitela, no parecía haber razón para conservar las viejas copias de papiro. En próxima entrega: Conversaremos sobre Hernán Rivera Letelier y su obra.



