Redacción Abg. Miguel Ángel Salazar
Política y Estado
La bisagra entre el renacimiento y la época moderno fue la ilustración, ella trajo consigo abundantes pensadores entre los cuales se destacan Nicolás Maquiavelo con su obra “El Príncipe”, Étianne La Boétie con “Discurso de la servidumbre voluntaria” y Tomás Moro con “Utopía”. Estos personajes se les pueden considerar padres del pensamiento político moderno.
Hoy como ayer se plantea la necesidad de revisar la relación del gobierno con la sociedad civil; el tema en particular está referido a cómo el gobierno tiende los puentes de comunicación con el pueblo. Muchos sostienen que se ha caído en el fangal de lo inmoral y otros sostiene la tesis de que con amor se solucionaran muchos problemas, expresiones que cae en el terreno de lo emocional, fuera de todo lógica racional.
La etapa moderna se estrenó con importantes interrogantes, interrogantes que a principio del siglo XXI, nos asalta con dramática desesperación, entre ellas: ¿Quiénes son responsables de los males de la sociedad?, háblese de inseguridad, servicio eléctrico, inflación, salud empleo, vialidad, alimentación, entre otros. Tomás Moro, en el año 1516 dio la repuesta: “Todo desorden y mal moral es siempre fruto de una mala organización y gestión de lo público. Son las instituciones y organizaciones sociales y políticas las responsables de la entidad moral de los sujetos que bajo ellas se desarrollan. Nuestros destinos no dependen de ninguna finalidad inmanente (formas, esencias, naturalezas) o trascendente (Dios, inmortalidad, etc.) a nosotros mismos. Antes bien, el bien y el mal morales se juegan siempre en el tablero de lo histórico, es decir: en lo político y social mismos”. Lapidario resultó, hace 524 años, la tesis de Moro que hoy se reproduce con exactitud inglesa, ningún argumento puede rebatir tan brutal sentencia.
Quiero expresar mi más sentido reconocimiento a mi amigo el Ingeniero Daniel Elia Betancourt Gacel, con él he tratando los temas de política doméstica; le hable de la obra “Utopía” de Tomás Moro, y me sorprendió, gratamente, que no le era ajeno el trabajo del referido escritor. La charla sobre política giraba sobre las medidas tomadas por el gobierno para ir cerrando círculo a la oposición, con especial atención al tema electoral donde los del oficialismo resultan ser absolutos campeones de la maniobra legal y táctica, con aplicación perfecta del pragmatismo político.
Señalaba Daniel, que el gobierno había caído en el pozo de la incrueldad y producto de ella había cometido innumerables desaciertos políticos, que solo afectan al propio gobierno; desaciertos que en nada aprovecha la oposición, por estar desarticulada y entrampada en pequeñas parcelas de intereses, incapaces de levantarse por encima de los hombros para ver lo que más interesa al país.
Uno de los terrenos más fangosos para el proceso político dirigido por el presidente, es el de los estudiantes; estoy seguro que la oposición como un todo, no dudaría en acompañar a los líderes estudiantiles; solo se requiere la materialización política del movimiento y la concertación del espacio electoral para su participación en las venideras contiendas electorales.
El camino a seguir es mantener la idea firme de que para ser legítimo se debe desechar los caminos de la maniobra mal sana e inmoral; la inmoralidad en el ejercicio del gobierno trasciende los valores de una sociedad; de allí que la premisa fundamentar para ejercer el poder, es la de preservar absoluto respeto por la diversidad y motivar la participación plural de las ideas, en el marco de la Constitución y el libre juego democrático.




