Carlos Ortiz
Patrimonio de Ciudad Guayana, esta edificación estructuralmente intacta ha sido testigo del crecimiento urbano y el paso de generaciones forjadoras de nuestra ciudad
Durante más de cinco décadas, la Iglesia Protestante Comunal de Ciudad Guayana, ubicada en el campo B de la Ferrominera ha servido como sede para el encuentro de la comunidad cristiana a nivel mundial; la mano de obra extranjera en la época de la extinta compañía Orinoco Mining Company influyó notablemente en la construcción y desarrollo de una comunidad religiosa que perdura con el paso del tiempo y las nuevas generaciones.
El recinto se ubica en una plácida colina rodeada de residencias construidas en su mayoría para la década del ’60; ha reunido a congregaciones Bautistas, Evangélicas de Libre Voluntad, luteranos, La Iglesia de Dios y Presbiterianos, quienes han fundamentado sus creencias religiosas y han fomentado la tolerancia, el entendimiento y la amistad desde los inicios de la ciudad.
Nacimiento y desarrollo de la Iglesia
En 1953 comienza la idea de construir una nueva iglesia para la comunidad que crecía y se establecía en la zona, eran aquellos años cuando Puerto Ordaz era un pequeño campamento construido por las compañías estadounidenses y alemanas US Steel y Bethlehem; un grupo de madres se reúne y surge la necesidad de idear una escuela dominical para niños y adultos, pues no existían alternativas religiosas y educativas en la ciudad de las compañías extranjeras.
El proyecto comienza a tener eco y pronto se funda la Iglesia Comunitaria, conformada por una comunidad internacional, interdenominacional e intercultural, que acogió a los feligreses en una construcción ubicada también en el campo B, que tenía como finalidad la residencia de los trabajadores solteros. Durante algunos años, la sede fue compartida por protestantes y católicos romanos hasta la construcción de la Iglesia Católica del Centro Cívico años después.
Para 1957, con una feligresía constante y entusiasmada, se presentan los primeros bosquejos para la construcción de la Iglesia Protestante, a la que finalmente se suma la Orinoco Mining con la donación del terreno donde actualmente reside la sede. Ya en 1959 la Iglesia contaba con un pastor regular, quien dividía sus labores entre Puerto Ordaz y Ciudad Piar; para 1960 se construye el edificio y un año después se conduce el primer servicio religioso dedicado especialmente a la comunidad húngara y se celebra también el primer matrimonio.
Durante varias décadas, la Iglesia Protestante Comunal compartió espacios para el encuentro de diferentes corrientes religiosas de la ciudad, los servicios religiosos se ofrecían en diversos idiomas como inglés, alemán y húngaro. La infraestructura sirvió también para eventos entre la comunidad residente de Puerto Ordaz, quienes para esa época contaban con pocas opciones para la recreación y el encuentro social. Los niños recibieron instrucción en las aulas de la iglesia, cumpleaños, bodas y reuniones vecinales se realizaron en sus espacios.
La Iglesia Protestante Comunal en la actualidad
Luego de una época de apogeo y participación por parte de la comunidad religiosa, la Iglesia entra en una fase de apatía y decadencia, hasta que a principios de 2000 cierra sus puertas y permanece en el olvido como refugio de indigentes y la desidia.
Para 2007, un grupo de personas representantes de la comunidad religiosa del Campo B y zonas aledañas, envía una carta al pastor Eduardo Boyde, quien junto a su esposa Leidi González, ofrecían sus servicios y entrega religiosa a la Iglesia Bautista de Villa Bolivia, la primera construida en Puerto Ordaz.
Tras un período de estudio y meditación por parte del pastor y su esposa, ambos deciden emprender el reto de rescatar tanto la parte física de la Iglesia Protestante Comunal como la parte espiritual de cada uno de los feligreses participantes, algunos apáticos y otros nuevos, llamados a formar parte del renacer de la comunidad religiosa.
El pastor Boyde explica que han transcurrido dos años desde que asumió la administración de la Iglesia, y junto al apoyo de la comunidad, se han realizado trabajos de mantenimiento importantes para devolver la vida a esta llamativa infraestructura religiosa. Desde 2007, labores de pintura, recuperación de la estructura, mantenimiento de las áreas verdes, la reparación de la campana exterior y la limpieza de las aulas que se encuentran en la parte posterior de la Iglesia han sido algunos de los logros obtenidos. Sumado a la parte física, Boyde explica que poco a poco se han sumado nuevos feligreses a la Iglesia, provenientes de Villa Brasil, el campo B de la ferrominera y diversas zonas de la Parroquia Unare.
Actividades y proyecciones a futuro
Ante la posibilidad de un éxito continuo en la gestión que el pastor realiza, Boyde desea que la Iglesia Protestante Comunal sea un ente rector y modelo cristiano para la ciudad bajo la premisa de la inclusión, un espacio abierto a todos sin distinción de educación, clase social ni religión. Boyde espera que el rescate iniciado en 2007 no se detenga y cada día se sumen nuevos participantes ante una labor que favorece a quien busca un espacio espiritual en la complejidad y ajetreo de la vida diaria. Si la voluntad y participación de la gente así lo determinan, la Iglesia Protestante de Ciudad Guayana continuará erguida por décadas, como muestra imponente de la mano del hombre en vida comunitaria.



