Carlos Ortiz
Las paredes de las avenidas y lugares concurridos de las urbes están llenas de historia, coloridos paisajes, firmas artísticas, obras abstractas que se confunden dentro de las selvas de concreto y ofrecen, de forma implícita, un reflejo de la sociedad circundante. Usualmente, los autores de los murales que vemos en las calles, en las fachadas de las casas esquineras o en las paradas de autobuses, son anónimos; ignorados por el transeúnte, admirados por algunos y repudiados por otros, confundidos como vandalismo dentro de un universo donde el arte siempre ha sido el motivo.
Son los grafiteros, aquellos artistas de la calle que plasman en cualquier lugar de las urbes una forma de pensar, una visión de la realidad que perciben o simplemente una huella personal en una ciudad que reclama sus propios personajes.
El grafiti podría definirse a las variadas formas de inscripción o pintura, en su mayoría elaboradas con pinturas en aerosol, que se realizan en el mobiliario urbano. Nada más representativo a la vida dinámica de un conglomerado poblacional que los grafitis, quienes con creatividad, colorido, exageración y abstracción, representan el sentir de un pueblo, desde la expresión del amor hasta la crítica social.
En Ciudad Guayana, este tipo de arte tiene su representación en varias avenidas principales, en los semáforos, en las láminas que aíslan los terrenos en construcción, y hasta en los murales de los conjuntos residenciales, quizá el lienzo más controversial para la expresión del arte urbano. Los grafitis suelen confundirse también con el vandalismo, aquella expresión típica de un “Carolina, Te Quiero” en las paredes de una casa que rápidamente se cubren con cal o pintura blanca para no dar un aspecto grotesco y abandonado a los alrededores. Pero los grafitis son arte, son obras complejas, elaboradas previamente en bocetos y clasificadas también por su temática o por el tipo de expresión; desde las firmas del artista o “tags” como se conoce en su término anglosajón, hasta pinturas complejas de grandes dimensiones que ocupan murales enteros.
¿Quiénes son?
Existen varios grupos de grafiteros en la región, la mayoría de ellos conformados por adolescentes y jóvenes adultos, quienes han convertido, con el paso del tiempo, una afición en un oficio profesional, aunque siempre temerosos al rechazo de la colectividad hacia su arte o la detención por parte de las autoridades policiales. Se dividen en equipos o crews, unidos por lo general en base a su similar forma de expresión artística o la afinidad personal entre sus miembros.
Se hacen llamar por sus pseudónimos, como Rush, Cóndor, Speed, Sadek, Hare o Elfo, y sus edades comprenden desde los 16 hasta los 23 años en promedio; en su mayoría cursan los últimos años del bachillerato y otros estudian carreras universitarias relacionadas al dibujo, como el diseño gráfico; expresan sus ideas con claridad y sin impresión de vandalismo o una cultura antisocial para quien dialogue un rato con ellos, su pedido recurrente conlleva siempre al reconocimiento de la gente y a la legalización de sus actividades, son muchachos que despertaron una inquietud artística que encuentra en las calles el lugar ideal para su transmisión a las masas.
Sus expectativas
Expresan su deseo de que en algún momento se dispongan en la ciudad espacios adecuados para la realización de sus grafitis libremente, sin el temor de ser detenidos por la policía o sujetos a las ofensas de la gente que no apoya este tipo de arte. “Elfo” el pseudónimo de uno de estos artistas, comenta que el arte urbano es también una forma de alejar a muchos jóvenes de los vicios y el ocio, vinculándose en actividades de la más pura expresión del ingenio humano, manifiesta que observar en la calle una pared en blanco es, en su opinión, inferir que la gente que vive en ese lugar tiene la “mente en blanco” carente de ideas y humanidad. Los grafiteros le piden a la colectividad que les apoye, les ofrezca la oportunidad de expresar legalmente su arte y que este sea admirado y comprendido en una ciudad que reclama de cultura y abandone esa aparente frialdad que desde sus inicios le ha caracterizado.
Esperan que sus esfuerzos se traduzcan en una ciudad más viva y llena de expresión cultural en cada área que se disponga para ello, le piden a las autoridades encargadas del ornato, a que antes de desaparecer una obra que conlleva un esfuerzo y varias horas de trabajo, reflexionen sobre si esa posible expresión del arte signifique un elemento que podría convertirse en icónico para Guayana con el paso del tiempo, pues es realizado por jóvenes guayaneses que con sus vivencias han plasmado realidades y hasta críticas sociales en las paredes y muros de los espacios públicos.



