por Eduardo Casanova
Mientras escribo oigo una bellísima obra de Ferdinando María Meinrado Francesco Pascale Rosario Carulli (1770–1841) para guitarra y clave, que me alegra el alma. Es la única manera de estar alegre en medio de la tragedia que vive Venezuela. No es sencillo soportar el pésimo gobierno del teniente coronel Chávez Frías, que todo lo ha dañado y todo lo ha corrompido. Especialmente la justicia. Y como prueba está el absurdo juicio que se le sigue a la ex-juez María de Lourdes Afiuni por haber aplicado estrictamente la legislación vigente en el caso de Eligio Cedeño, con lo que provocó las iras del teniente coronel Chávez Frías, que ordenó al poder judicial que la condenaran a treinta años, y el poder judicial, sumiso y menguado, obedeció de inmediato el Úkase del zar rojo rojito.
Pero ahora resulta que hasta la propia Fiscalía reconoce y declara que no hubo cobro ni promesa de dinero, lo que significa que no hubo delito de corrupción. ¿Y entonces? No me queda otro remedio que recordar la famosa obra de Samuel Beckett,Esperando a Godot (en francés En attendant Godot), en la que dos vagabundos, Vladimir (Didí) y Estragon (Gogó), esperan vanamente a un lado de un camino a un tal Godot, con quien posiblemente están citados. Pero en verdad nunca se llega a saber quién es Godot, o si existe en realidad el tal Godot, o qué es lo que Vladimir y estragón quieren hablar con él. Lo único que realmente ocurre en la acción es que se aparece un tal Pozzo acompañado por su esclavo Lucky y un muchacho, con el mensaje recurrente de que Godot no va a venir hoy,“pero mañana seguro que sí”. ¿Qué quiso decir Beckett con esa trama absurda en la que dos veces no pasa nada? Posiblemente nada. Más de una vez negó que se tratara del aburrimiento vital, y en definitiva, tampoco dijo nada. Que es exactamente lo que nos está pasando a los venezolanos: aquí pasa de todo y no pasa nada. Una juez, evidentemente no capacitada para ser juez, decidió que aunque se haya demostrado que no ha habido delito, hay que juzgar y mantener presa a una ex-juez porque cumplió con la Ley y al hacerlo molestó al amo. Es la demostración palmaria de que el poder judicial está absolutamente subordinado al ejecutivo, pero aquí no pasa nada. Simplemente, estamos esperando a Godot.



