Por Oliver Urbano

Gelson dio la sorpresa/Foto www.marca.com
El fútbol no conoce de favoritos. El fútbol es fiel a una esencia mística que lo ubica en el terreno de lo impensado, de lo inimaginable. Hoy apareció ese fútbol en Durbain. España, la gran candidata para ganar el mundial, ha caído contra Suiza en el debut y los fantasmas de una historia maldita se burlaron de una lógica que el fútbol, simple y llanamente, repudia.
España salió al campo con el cartel de campeona de Europa, de invicta en las eliminatorias y como la selección que mejor fútbol practica en el mundo hoy. Todo aquello quedó sepultado con un gol en el minuto 52 que premió el orden defensivo de Suiza y castigó la poca capacidad de España para definir en los metros finales.
Ver jugar a España es ver jugar a ese Barcelona que ha deslumbrado al mundo del fútbol en los últimos años. Pero esos dos equipos difieren en una sola cosa: en uno juega Messi y en otro no. Muchos analistas habían comentado este hecho y hoy quedó absolutamente demostrado. España toca y toca. Lo hace muy bien, pero no hay nadie en los últimos cuartos de cancha que muestre la irreverencia necesaria para encarar, gambetear y definir.
Hoy se encontró con una selección que se defendió con uñas y dientes. Suiza fue compacta en defensa y mostró una concentración que terminó por desquiciar a una España que se olvidó del libreto y fue a buscar el partido con más ganas que ideas. Nunca pudo sortear la muralla blanca. Nunca puro escalar esos inmensos Alpes suizos.
El gol de Suiza llegaba en el segundo remate al arco que hacía el equipo dirigido por el alemán Ottmar Hitzfeld. Una jugada que arranca con una salida de pelota larga del arquero suizo, es anticipada por Nkufu, quien le gana a Puyol, para internar la esférica en el área. Después de una serie de piques y traspiés, Gelson Fernandes aprovecha para puntearla y mandarla a guardar. La cara de Casillas era un poema.
Después del gol Suiza se agigantó en defensa y España perdió la compostura. La roja se convirtió en la furia de otrora pero no le alcanzó. Villa no encontraba arco y Torres, quien entró para buscar la alternativa aérea, estuvo muy impreciso. España remató 25 veces, cinco debajo de los tres palos. Suiza remató en nueve ocasiones- dos al arco defendido por Casillas- y una fue gol.
Cuando todo el mundo esperaba que el fútbol llegara por fin al Durbain Stadium de Sudáfrica, se hizo más presente que nunca. Porque eso fue hoy el choque entre españoles y suizos: una manifestación de la sustancia misma del fútbol impredecible y rebelde que apasiona a todo el planeta.



