Jesús Seguías
Voy directo al grano: Hugo Chávez decidió abrirse por el medio de la calle con su proyecto totalitario, y su primer paso es que el estado (o en algunos casos el Buró Sindical del PSUV, utilizando el subterfugio del “Control Obrero”) asuma por completo la economía del país, lo cual pasa por liquidar al sector privado.
La estrategia es sencilla. Cuando el Presidente-Comandante ordena con su acostumbrado “Exprópiese” en realidad no lo hace porque le interese mejorar la producción de las empresas o fincas afectadas, o brindarle al país un mejor nivel de vida, sino porque quiere ponerle la mano a la nómina. Lo que intenta hacer es que sus trabajadores dependan de él para comer, para darle sustento a su familia, con lo cual él pasa a ser el verdadero dueño de las necesidades primarias de las personas que están bajo su mando.
Ese ha sido exactamente el más efectivo poder de control de la población (y no la policía ni las fuerzas armadas) que han aplicado todos los gobiernos totalitarios de izquierda del planeta. A Fidel le ha brindado medio siglo en el poder.
Hugo Chávez sabe que él está obligado constitucionalmente (y por la daga de la comunidad internacional) a acudir a elecciones, y sabe que su proyecto totalitario exige la mayor legitimidad posible. Y esa legitimidad se la otorga la Asamblea Nacional. En conclusión, está obligado a ganar las elecciones de Septiembre. El problema es que, luego de 10 años de desgaste gubernamental, y con el sol pegándole en la espalda (va en retirada irreversible), él está en serias dificultades: Los votos hoy no le dan para ganar ni las elecciones parlamentarias ni las presidenciales.
Por eso decide ponerle la mano a la economía, a las empresas, a la nómina, y así poder influir hipotéticamente en los votos de los venezolanos. Según la lógica del presidente Chávez, a más trabajadores dependientes del estado exista, mayor es la capacidad de presión del gobierno a la hora de las elecciones. Bueno, eso creen ellos.
Pero además de las presiones electorales que está recibiendo, la agenda país de Hugo Chávez en su ruta hacia el Socialismo Real (el totalitario) no contempla para nada al sector privado. En la Venezuela “socialista” de Hugo Chávez, el destino las empresas privadas es el cementerio. Se han propuesto pulverizarlo, o reducirlo a su más mínima expresión, además de satanizarlo. Hugo Chávez decidió convertir al sector privado en el principal rehén de la revolución (los recientes discursos y decisiones presidenciales, y las sentencias de Rafael Ramírez, son unas evidencias más grandes que el Atlántico).
Sin embargo, en su ruta por destruir al sector privado de la economía, Hugo Chávez cuenta con un gran aliado: el “culillo” de muchos empresarios privados venezolanos. Son unos “cagones” nos precisó un chavista de alto rango: “Su infinita capacidad para pensar en sus exclusivos intereses personales, su oportunismo, su falta de conciencia colectiva y de país, los lleva directo al autogol, a su propia sepultura; y de esa miserable debilidad, Chávez se aprovecha a sus anchas. Unos caerán primero y otros después, pero todos terminarán en la misma fosa; la revolución va en serio”.
Para los políticos venezolanos, las elecciones parlamentarias de Septiembre son muy importantes pero no se juegan la vida en ellas, pues ellos seguirán sobreviviendo independientemente de los resultados. En cambio, Septiembre es el último vagón del sector privado venezolano. Allí se jugarán la vida. Que cada quien decida a cuál bando apostar.
Twitter: @seguias1



