PORTACHUELO

Por: René Núñez (*)

No más dilación para iniciar el proceso de liberación de Venezuela, secuestrada por la incapacidad, el desconocimiento y la poca voluntad democrática del régimen de turno, empeñado en servirse ideológicamente de por vida sin importar el sufrimiento, la angustia y las restricciones de las grandes mayorías nacionales.

No hay otra oportunidad posible, a corto plazo, como la que nos brinda las elecciones del 26 de septiembre para la legitimación de una voluntad democrática y plural en la Asamblea Nacional, a través de una mayoría de diputados comprometidos con la Constitución del 99 para cumplirla y hacerla cumplir absolutamente.

Hay dos opciones en juego, una representada por el oficialismo, promovida por el gobierno, responsable de que la actual asamblea no haya ejercido la función controladora de la gestión pública, además de haberla convertida en un brazo político para la legitimación del proyecto ideológico del presidente, enemigo de las libertades y de la evolución humana. La oferta electoral sigue siendo la misma: la profundización de la revolución. En otras palabras, primar lo ideológico sobre lo económico.

La otra opción, la constituye la alternativa democrática, unida y decidida a rescatar la autonomía e independencia del parlamento en aras de restablecer valores y principios en defensa  de la democracia, del sistema de libertades, de la economía productiva y competitiva, de la salud, de la educación, de la ciencia, de la tecnología, de la moral, de la ética, de los derechos humanos, de los derechos democráticos en general, para que cada venezolano de manera individual y colectiva pueda forjar su progreso y desarrollo con anuencia y seguridad del Estado.

Apoyar esta última opción, un compromiso de país ineludible e impostergable ante el grado de destrucción económica, social, cultural,  jurídica, moral y ética en que se encuentra la nación, y donde no hay, por los reiterados anuncios del gobierno, vuelta atrás; por el contrario, se nos amenaza como mayor radicalismo, demolición, exclusión y desunión; pues no hay reconciliación, no hay paz, no hay tregua alguna contra quienes adversa el proyecto socialismo del siglo XXI.

La amenaza totalitaria, ya es una realidad, como para que los venezolanos después de once años sigan inocentemente pensando en la suma de felicidad social bajo la utopía del comunismo. Once años, son suficientes para que usted compatriota indeciso haga en familia su propia evaluación, y decida los destinos de sus hijos y de los demás.

A título de ejercicio, y con el mayor respeto los invito a efectuar este examen de conciencia respondiendo, entre otras,  estas preguntas: ¿Ha mejorado la seguridad de mi barrio, de mi calle, de mi sector, de mi urbanización? ¿Me siento mas seguro que antes? ¿Al hospital más cerca donde acudo en búsqueda de atención médica preventiva o correctiva tiene recursos, medicinas,  instrumentos/equipos idóneos para hacer los exámenes solicitados por el médico? ¿Estoy satisfecho con el servicio médico? ¿Tengo trabajo seguro y estable? ¿El salario que recibo por la jornada de trabajo diario me alcanza para comer y cubrir las necesidades familiares? ¿La empresa del gobierno donde trabajo me trata mejor, reconoce mis méritos, mis rendimientos como trabajador, me respeta los beneficios del contrato colectivo, respeta los derechos sindicales y el de la huelga? ¿Por no ser miembro o simpatizante del PSUV, tengo posibilidades de conseguir trabajo en una empresa o ministerio o corporación o entidad pública? ¿Como miembro del PSUV (si fuere el caso) me permiten ejercer sin retaliación, exclusión o amenaza mis derechos de crítica, de denuncia por actos de corrupción incurridos por dirigentes del partido y del gobierno? ¿Se está respetando los derechos humanos, políticos, económicos, sociales, mercantiles  constitucionales de los venezolanos? ¿Están los poderes del Estado: Fiscalía, defensoría del pueblo, contraloría, TSJ, CNE,  tribunales de justicia en general, obrando con equidad, equilibrio y transparencia para garantizar a todos un trato igual ante la ley? ¿Vivo ahora mejor y seguro que antes?

No cabe duda, esta revolución fracasó en su intento. Otra más. No me causó sorpresa los resultados. Quienes me leen desde hace 28 años acá en Guayana, pero específicamente los últimos once, saben cuál ha sido mi posición frente a esta farsa ideológica. Un modelo reprobado históricamente por antinatura por los pueblos donde intentaron ponerlo en práctica sus mentores comunistas. Pretender llegar a la felicidad e igualdad social ignorando la riqueza y la propiedad privada son tal vez las razones por las cuales el comunismo nunca tuvo éxito. Por lo inviable y utópico. Las actividades humanas por naturaleza requieren de estímulo. El avance de la ciencia y de la tecnología, motores del progreso, ha obedecido a factores competitivos, donde los costos, la calidad y la oportunidad son objetivos permanentes de atención prioritaria en cualquier planificación de trabajo.

No hay retribución social sin producción. Toda trabajo genera plusvalía, el deber del Estado es normar su distribución en función del desarrollo nacional. Por ello, la necesidad de un nuevo parlamento pensante que trabaje de manera sistemática en la reingeniería de la nación facilitando la evolución de los más variados intereses de la sociedad venezolana en armonía y en paz. Después del 26, orientar todos los esfuerzos democráticos para posicionarnos en el primer mundo ha de ser sin complejo ni prejuicio el reto de los auténticos demócratas. Ya basta de cuarta o de quinta o de sexta república. Y de líder del tercer mundo. El problema es de inteligencia, valores, y conciencia de desarrollo. Todo lo tenemos. Manos a la obra después del 26 de septiembre.

(*) Internacionalista.

Edición 1123, hasta el próximo miércoles. Le invito a oír de lunes a viernes, de 1 a 2 de la tarde: Diplomacia de Micrófono por La Mejor FM. 91.5 Guayana