¿Cuál Demolición?

28 septiembre 2010

Por Jairo Louis

Los resultados electorales son mucho más que meros números congelados. Deben ser vistos pensando en el antes y el después de la generación de los mismos. No se trata de crear fantasías en torno a los números, pero sí de insertar la justa valoración de éstos en las circunstancias políticas que le rodean.

En el caso de las elecciones parlamentarias recién celebradas en nuestro país, resulta fácil concluir que la coalición de partidos que apoyan al presidente resultó victoriosa, ya que obtuvo más de 90 diputados mientras que la oposición no alcanzó a los 70 escaños. Esos son los números fríos, la fotografía sin contexto. Una vista más detallada que incluya los cambios que se generan a partir de la votación, muestra que el gobierno perdió en votos, en diputados y en credibilidad.

 En el tema de los votos, no se trata del simple hecho de que la oposición haya superado al chavismo 52 a 48 en puntos porcentuales. Lo importante es ver que ese resultado está enmarcado en una tendencia que se viene acentuando desde que la oposición retornó a las contiendas electorales en el 2006. De hecho, desde la elección entre Chávez y Rosales, la oposición ha superado en votos nacionales 3 veces a la oferta socialista: El referendo de la reforma (2007), La elección de alcaldes (2008) y las recién acontecidas elecciones parlamentarias.

 En cuanto al número de diputados, es muy importante elegir la referencia correcta para medir el resultado de la campaña chavista. Así podremos ver con claridad cuál era la meta de la revolución de cara a la elección de legisladores. Tomar como referencia el número de diputados que obtuvo la oposición sería volver a aquello que comenté arriba sobre los números fríos y sin contexto, e implicaría pensar que el chavismo vio sus metas cumplidas al obtener la mayoría simple.

La realidad es otra, y la referencia adecuada para verla está en la Asamblea que seguiremos teniendo hasta enero. Se trata de un cuerpo legislativo en el cual la mayoría chavista es tan aplastante que se da el lujo de humillar hasta el cansancio a los poquísimos diputados que difieren del presidente Chávez. Con una mayoría así, lo único que podía considerarse exitoso para el oficialismo era mantener o aumentar dicha distancia. Ninguna de las opciones ocurrió.

 Ahora bien, más importante que la drástica reducción numérica de los diputados chavistas son las consecuencias de dicha reducción sobre la capacidad de actuación de los socialistas en el poder legislativo. Un ejemplo sencillo; a partir del 5 de enero, para otorgarle una ley habilitante al presidente de la república, la bancada oficialista de 94 diputados (último número que he escuchado al momento de escribir estas líneas) tendrá que convencer a 16 opositores de que es necesario que el primer mandatario legisle sobre algún determinado aspecto de la vida nacional.

 El aspecto de la credibilidad es tal vez el más delicado. Por un lado se halla el hecho de que un gobierno que se jacta de ser muy democrático realice modificaciones mañosas a la ley para que en un proceso eleccionario la minoría de los votos se tradujera en mayoría de diputados. Dentro de ese amañamiento entra también el intento por vender como victoria un resultado que ni los altos dirigentes del PSUV se atrevieron a festejar como en ocasiones anteriores.

 Ante todos estos hechos bien vale preguntarle al presidente y sus partidarios: ¿Cuál Demolición?