Alejandro y sus zapatos

19 enero 2011

1 Ingresar a este curioso negocio ubicado en plena vía Venezuela de la populosa urbanización Villa Colombia, es también entrar a un lugar donde el tiempo parece haberse detenido, el olor característico del cuero, el sonido de varios ventiladores que aminoran el calor como constante y la mercancía siempre relacionada a zapatos y carteras toma un tiempo en ser apreciada dentro del cúmulo de objetos y el reducido espacio.

Alejandro Carrillo es el propietario de Zapatos Carrillo, un negocio que fundó tras pocos años de arribo a Ciudad Guayana desde su patria natal, Perú. En su tierra aprendió el oficio de la zapatería, siempre relacionada a la reparación del calzado y el tratamiento adecuado para el cuero, material con el que en su mayoría se elaboraban los zapatos hasta la llegada de los sintéticos, abundantes en la actualidad. Su papá, nativo de Lima, también se dedicó desde niño a la reparación de zapatos y carteras, en general, de todo artículo de cuero que deseaba algún ajuste por parte de sus propietarios, es allí donde nace la curiosidad de Alejandro por este oficio y es allí donde surge el potencial para el trabajo que ha permitido el progreso de su familia por casi treinta años.

Llegó como muchos inmigrantes a la ciudad, en búsqueda de porvenir y atraído por los rumores de progreso que trascendían poblaciones desde el entonces alejado sur de Guayana; su primer trabajo se vinculó a un medio de comunicación, en el que comenzó desde los más simples oficios hasta vincularse al montaje de la publicación escrita con su amigo chileno Nicolás, quien llegó como él en 1979 y juntos permanecieron en la misma actividad por un tiempo; la demanda de servicios y la astucia fueron las responsables para independizarse y comenzar con su negocio propio, cada quien con el potencial y las necesidades que la ciudad tenía en todo tipo de aspectos, entre los que se incluía la reparación del calzado y artículos de cuero.

10 Alejandro Carrillo comenta que muy poca gente se dedicaba a este oficio, solo recuerda a los árabes que caminaban por las calles bajo el inclemente sol y con su particular llamado “zapateeero” para captar a los clientes, luego de eso cree ser uno de los primeros en establecer una reparación de calzado en forma permanente desde 1980. “La gente entonces no reparaba zapatos, los usaba y cuando se dañaban los botaban, poco a poco comenzó a darse a conocer esa opción de repararlos y darles mayor duración, allí se hizo conocido mi negocio y comenzaron a llegar los clientes”.

De Villa Colombia en 1980 recuerda que solo existía la Clínica Puerto Ordaz, una venta de hamburguesas en la actual sede de Protección Civil y apenas comenzaban a habitarse los bloques de apartamentos en Villa Central; la vía Venezuela estaba lejos de ser considerada una zona comercial y solo casas humildes conformaban el sector. Poco a poco, la dinámica de la ciudad y la demanda de la población aumentaron la presencia de comercios de todo tipo en el sector, de los que la Zapatería Carrillo fue uno de los primeros.

Junto a su negocio, se mantienen abiertos desde entonces una piñatería y una pollera, que cuentan con sus clientes considerados amigos para quienes convirtieron a Villa Colombia en un vivo lugar comercial, hoy en día casi la totalidad de la vía está repleta de ventas de repuestos para automóviles, ventas de loterías, reparaciones de electrodomésticos, centros religiosos y hasta auto-lavados que ofrecen sus servicios no solo a los vecinos sino a todo aquel que transita por la zona.

7 Dice que la gente ya no repara tantos zapatos como antes, en parte debido a que la mayoría del calzado proviene de Taiwan y China, y son elaborados en material casi desechable y a muy bajo costo, que dura unos años y luego simplemente va a la basura. Los zapatos y carteras de cuero, a un precio elevado y de mayor durabilidad, son los que generalmente necesitan cierta reparación con el uso, pero según Alejandro su durabilidad se extiende por el doble o triple de los elaborados en material sintético. “La mayoría opta por comprar una cartera en 60Bs de cuero sintético que luce casi igual a una de cuero con un precio de 600Bs” comenta con la voz de su experiencia en el ramo.

Aún así su pequeño negocio sigue próspero, y desde las ocho a seis de la tarde permanece en su tienda concentrado en los trabajos del día, zapatos, carteras, maletas, maletines y correas son su especialidad; incluso hasta hace algunos años fabricó calzado para dama, pero eventualmente los competitivos precios de las importaciones le dieron final forzoso a su labor artesanal.

Ese recinto ha servido para la estabilidad de su familia, conoció a su esposa, de nacionalidad colombiana y junto a ella tuvieron su único hijo, quien no se ha interesado por el negocio de su padre por lo que eventualmente el negocio no se heredará, afirma Alejandro; manifiesta deberle a esta zona todo lo obtenido en su vida y atesora recuerdos que nunca olvidará, guarda aprecio por antiguos vecinos de negocio ya fallecidos quienes junto a él, promovieron el desarrollo de la actividad comercial en Villa Colombia y se mantuvieron constantes en sus metas y objetivos, la gente le conoce y saluda con cariño, son clientes habituales pero también amigos, quienes ven en Alejandro el reflejo de una comunidad y su historia.

En los fines de semana descansa y pasa el rato junto a su familia, se rebusca el ingreso con su camioneta y realiza algunas mudanzas dentro de la ciudad; como él, cientos de inmigrantes llegaron a Ciudad Guayana para esa época en búsqueda de una nueva vida y las oportunidades en un país que les acogió, en un conglomerado urbano del que ya les considera su historia y patrimonio, responsables de su futuro.

Se despide con un apretón de manos y desvía su mirada ante una muchacha que trae consigo al menos tres pares de tacones atrofiados, Alejandro les observa detenidamente y da la última palabra, serán varias horas de concentración en el oficio que mejor sabe hacer.

Carlos Ortiz